Wednesday, January 04, 2006

Cartas a un Skin, de Antonio Salas gratis ¡no lo compres, y que se joda!

Después del libro basura Diario de un Skin, el judio Antonio Salas quiere seguir exprimiendo las tetas del NS y escribe esta basurilla: “Cartas a un skin”. No lo compres. Nosotros lo subimos gratis y que se joda el autor.

Ultima Hora: Confirmado que Antonito (Gabi) Salas es maricón. Ha cedido su libreto a un portal gay donde te lo puedes descargar tambien: http://www.gaymelilla.com/descargas-6.html . Pero por si no quieres infectarte entrando en paginas de maricones aquí te lo subimos gratis:


“Cartas a un skin”
La vida de Antonio Salas después de Diario de un Skin

Madrid, enero de 2003 Apreciado «camarada» Carlos:
He recibido tu e-mail, y comprendo tu enojo. Imagino que habrás sentido muchas cosas al leer mi Diario de un skin, y descubrir que quien creías un camarada nacionalsocialista era en realidad un periodista infiltrado. Puedo comprender tu decepción, tu indignación y hasta tu ira. Pero tú y yo compartimos muchas cosas y sabes mejor que nadie que todo lo que cuento es absolutamente cierto.
¿Cuántos años hace que eras skinhead? ¿Seis, siete, ocho? ¿Y en todo este tiempo no te habías dado cuenta de cómo os manipulaban? Ya sé que te ofende que compare a tu amado movimiento skin-NS con una secta, pero eres un joven inteligente y sé que ahora tú también intuyes que tal vez la comparación no sea tan desacertada. En tu e-mail sólo me dices que has decidido distanciarte del movimiento tras la publicación de mi libro. Imagino que ahora estarás pasando una «crisis de fe» en tus convicciones nacionalsocialistas, una tormenta mental. Casi puedo sentir tu angustia al replantearte todo lo que has creído durante estos años, al sospechar que tus admirados ideólogos tal vez han estado manipulando tu lealtad y la de tus camaradas. Pero los nazis reivindicáis el revisionismo. Pues ahora yo te invito a que revises el nacionalsocialismo y el movimiento skinhead.
Tal vez no te consuele, pero no has sido el único. En estos días posteriores a la publicación del libro, estoy recibiendo infinidad de correos electrónicos de nazis, skins y fascistas. La mayoría son para insultarme o amenazarme, pero cada día me están llegando más cartas y correos electrónicos de jóvenes skins veinteañeros, como tú, que tras leer mi Diario han decidido apartarse del movimiento. Estoy seguro de que muchos de ellos, de vosotros, no renunciaréis a vuestras creencias paganas, o al honor, la tradición o el nacionalismo, pero al menos ya no seguiréis, como borregos disfrazados de lobos, las órdenes de los cobardes que se ocultan tras las peñas ultras, los partidos políticos, las asociaciones culturales, o las distribuidoras discográficas o bibliográficas, que sólo ambicionan vuestro dinero, vuestros músculos y vuestra devoción. Ahora, aunque os sintáis solos, sin la fuerza del grupo, seréis más libres. Pero ya no podréis delegar en nadie la responsabilidad de vuestras acciones, ni de vuestras decisiones. Tendréis que demostrar que la fuerza de la que presumís no sólo la tenéis en los músculos, sino en el corazón y en la mente. Y que vuestras «almas ardiendo» no se apagarán con un puñado de lágrimas derramadas al descubrir que los nazis sois sólo un grupo más, una tribu más, una opción más, tan manipulada, dirigida y utilizada como todas. Ahora estaréis solos, pero seréis libres.
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Barcelona, enero de 2003 Apreciado «camarada»:
Nadie podía suponer la repercusión que ha tenido el libro. Todos los medios de comunicación del país se han hecho eco de la noticia y la primera edición, y la segunda, y la tercera, y la cuarta se han agotado en las librerías. No sé si es por la información que se recoge en mi investigación, o por el revuelo que ha desatado en la prensa, pero hasta la Fiscalía General del Estado ha ordenado ya la investigación de grupos de «camaradas» como Hammerskin y Ultrassur.
¿Te acuerdas de Álvaro, el mítico cabecilla de Ultrassur? Tú y yo hemos estado juntos con él en alguna ocasión. Pues apenas una semana después de publicarse Diario de un skin le han condenado a cuatro años de prisión por aquel asunto del apuñalamiento del policía. Parece que al final yo no estaba tan equivocado y el libro ha resultado profético.
Los ultras de Madrid han querido relacionar mi libro con la condena de Álvaro, del Gordo Reyes y de los demás, pero yo no creo que tenga nada que ver. O tal vez sí. De todas formas imagino que recurrirán la sentencia, sólo que esta vez me temo que ni la licenciatura en Derecho de Álvaro ni sus influencias familiares podrán salvarle de ir a prisión una temporada. Y no me alegro. No puedo celebrar que nadie pierda su libertad. Además recibo información sobre él casi a diario y sé que lo está pasando muy mal, que ha dejado de ir al estadio y que le gustaría poder volver atrás y no haber hecho muchas cosas. Pero la condena del ultra más legendario de Madrid hará que muchos jóvenes que lo admiran tanto como lo admirabas tú se lo piensen dos veces antes de volver a salir de «caza», a reventar negros, judíos, travestis o simplemente aficionados de un equipo contrario.
Sé que la sentencia de Álvaro, por otro lado, ha hecho que crezca el odio contra mí. Casi puedo notarlo al respirar. Como el aire viciado bajo un cielo cubierto por oscuros nubarrones antes de una feroz tormenta. Me zumban los oídos porque sé que todo el odio que antes dispersaban entre «subhumanos» moros, anarquistas, maricones o demócratas ahora está concentrado en Tiger88, y las amenazas de muerte, los anónimos y los insultos se apelotonan en Internet todos los días. Soy consciente de que muchos skinhead y nazis en general, con los que tú y yo hemos compartido tantos momentos, estarían encantados de pegarme un tiro o al menos romperme las piernas. Y ayer estuvieron a punto de conseguirlo.
Imagino que has visto que estos días me han hecho mil entrevistas en prensa, radio y televisión, pero ayer tenía que haber acudido a la Cadena SER, en Madrid, para participar en «El Larguero» de vuestro odiado De la Morena. Todo estaba preparado, y poco antes de salir hacia la emisora recibí una llamada advirtiéndome de que alguien había filtrado lo de mi entrevista, y se había convocado a todos los ultras de Madrid para esperarme en la emisora y darme un escarmiento. Tuve que llamar a De la Morena y decirle que no podía presentarme en la Gran Vía y el porqué, así que hicimos la entrevista por teléfono. Más tarde me enteré de que hasta el mismísimo Ocha había estado haciendo preguntas sobre si era cierto que iba a estar en «El Larguero» esa noche. Un «becerro» ultrassur paisano de Blanca M.ª B. A., ya sabes a quién me refiero, me dio el soplo.
No soy ningún héroe, así que he decidido dejar el piso y la ciudad. Te juro que no es un farol para despistar. He metido mis cosas en el coche y me he largado, así que ahora voy a aprovechar para viajar y hacer un poco de turismo. Sé que si me hubiesen pillado en la SER hoy no podría escribirte estas líneas, así que no voy a ponérselo fácil.
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Soria, enero de 2003 Apreciado «camarada»:
Hoy ha ocurrido algo sorprendente. Después de haber participado en el chat de El Mundo, donde por cierto entraron tus «amigos» del CEI, que ahora reniegan de ti (ya les gustaría a los intelectuales del CEI tener tu nivel moral), recibí un e-mail curioso. Walkiria, una de las «chicas» de Nuevo Orden, me invitaba a dar la cara en el chat de su página web, y a enfrentarme a muchos de los «camaradas» que aparecen citados en mi libro. La oferta me dejó perplejo. Y te confieso que la posibilidad de encararme de nuevo con todos los «camaradas» con los que conviví tantos meses, aunque fuese en un chat nazi, no me hacía sentirme cómodo. Pero pensé, qué demonios, si he podido ser uno de ellos tanto tiempo y ahora he publicado el fruto de mi trabajo, por qué no voy a defenderlo ante los protagonistas del mismo. Y acudí al debate. Allí estaban todos; los de Viking Llobregat, los de Ultrassur, los del CEI, las chicas de Edelweiss, y hasta los chilenos de Odal Sieg. Reconozco que no me siento orgulloso de haberlos engañado, pero creo que les debía por lo menos la oportunidad de decirme lo que quisieran.
Te puedes imaginar cómo se quedaron cuando apareció de nuevo el nick Tiger88 en su canal. Al principio se hizo un silencio en el chat y todos me preguntaban si yo era verdaderamente Antonio Salas. Cuando Walkiria confirmó que era el auténtico, la pantalla se me llenó de privados. Creo que «Hijo de Puta» y «Te vamos a matar» fue lo más suave que me dijeron. Pero soy consciente de que probablemente quienes me amenazaban e insultaban eran los chavales más jóvenes y viscerales, ajenos a los moderadores de la web. En el canal todo el mundo intentaba comportarse correctamente y mantener una discusión ordenada, pero deberías ver los privados que me mandaban.
Incluso uno de ellos, supongo que algún informático, intentaba rastrear la pista de mi ordenador para localizarme. El muy bruto sólo decía que tarde o temprano darían conmigo y en 30 minutos consiguió sacar la IP del ordenador, averiguar que estaba en un cibercafé, y la ciudad en la que me encontraba. Lamentándolo por los contertulios del chat tuve que desconectar antes de que pudiesen averiguar mi localización exacta. Aún no tengo vocación de mártir.
La verdad es que tienen sentido del humor tus viejos camaradas, porque al día siguiente participé en el chat de El País y comenté esta anécdota con una simple línea entre las 57 preguntas que respondí a los cibernautas. Tus amigos nazis no tardaron en subir a su web el contenido de mi visita a su chat, acusándome de promocionarme en el canal de El País, por decir que la noche anterior había aceptado su reto y acudido al chat. Y eso que ellos habían avisado hasta a El Mundo que yo iba a visitar su web, y jamás habían tenido tantos cibernautas en el canal como la noche en que asistí yo. Y tienen la caradura de decir que soy yo el que se ha aprovechado de ellos para publicitarme…
No contentos con eso, también me acusan de varios delitos, como el de negación de auxilio, por haber presenciado cómo una docena de nazis –como ellos– apaleaban a alguien y no haber intervenido. Imagino que para que nos apaleasen a los dos y así no haber continuado mi investigación con cámara oculta… que supongo es lo que les hubiese gustado. Me acusan también de abusos sexuales, por haber accedido a las proposiciones de una fascista, que intentó seducirme creyéndome un auténtico skinhead NS. Así que, según ellos, como se me abalanzó pensando que yo era nazi, abusé sexualmente de ella por no revelarle que era un infiltrado. E incluso tienen la audacia de acusarme de haber creado una página web en la que se hacía apología del genocidio, plagiando textos de sus propias páginas… Absurdo, ¿no?
Por cierto, ya cegados por la ira, hasta me acusan de editar yo solo, y como tapadera, revistas neonazis enteras en las que colaboraban ellos… Imagino que el odio les hace perder un poco la perspectiva y ya les da igual cortar por lo sano, perjudicando a sus propios camaradas que, como tú, no cometieron más delito que hacer lo que les habían enseñado ellos mismos. Vuelvo a repetir que yo soy el único responsable de haber abusado de vuestra confianza, al haceros creer que yo era un auténtico skinhead NS. Y juro que absolutamente ninguno de vosotros colaboró conscientemente conmigo, ni podía suponer que yo era un infiltrado. Ni los de Mood & Skin, ni los de Wotan, ni las de Edelweiss, ni los de Odal, ni nadie. Digo esto porque me han llegado rumores de que a V., aquel skin que conocimos en el Bernabeu, ¿te acuerdas?, el colega de El Chopi y de Nando, le han dado una paliza por haberme ayudado. Si eso es cierto, haré todo lo posible para que los hijos de puta que le hayan puesto la mano encima acompañen a Álvaro. V. no tuvo ninguna culpa de que yo me infiltrase entre los neonazis, ni entre los ultras, ni entre los skinhead. Yo lo engañé como a todos los demás. Álvaro, Ocha y Gordo Reyes incluidos. Así que si tienen huevos, que la tomen con ellos y dejen a V. en paz.
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Orense, febrero de 2003 Apreciado «camarada»:
Sé que te molestará que te mencione a Esteban Ibarra, porque todos los nazis le odiáis desde que el Movimiento Contra la Intolerancia se persona como acusación particular en todos los asesinatos cometidos por skins, desde Aitor Zabaleta en adelante. Pero al final su advertencia ha resultado profética. Esteban me avisó, cuando accedió a presentar mi libro –ya sabes que yo no pude estar en la propia presentación de mi trabajo–, de que intentarían desacreditarme. Que me haya atrevido a divulgar que un policía, cuya foto hipócritamente sonriente tengo ahora delante, fue el que advirtió a Hammerskin que tenían un periodista infiltrado, ha cabreado a algunos funcionarios. Pero la verdad es que no hice mucho caso a Esteban hasta que leí en el diario AS y después en El Mundo una noticia increíble. Al parecer algún «genio» aseguraba que el ultra que apareció ondeando una bandera nazi en el Bernabeu, en el Real Madrid-Atlético de Madrid del 19 de enero pasado, era el periodista Antonio Salas intentando promocionar su libro de inminente aparición… ¿Qué te parece? Evidentemente tú sabes como yo que si piso el foro ultra del Bernabeu, después de que Tele 5 emitiese mi reportaje «Infiltrado en Ultrassur» –en marzo de 2002–, no saldría vivo. Y menos llamando la atención con una bandera nazi. Pero lo verdaderamente alucinante es que en la foto que publicó El Mundo –el 21 de enero–, ilustrando la noticia sobre la enésima bandera nazi en las gradas del Bernabeu, se ve perfectamente la cara del tipo que la está ondeando. Y ese no soy precisamente yo… Pero bueno, estos días he podido leer todo tipo de cosas sobre mí. Que si en realidad soy un agente del Mossad, que si trabajo para la poli, que si soy gay. Supongo que la próxima vez que nuestros «camaradas» apaleen o maten a un negro, a un moro o a un judío también habrá alguna «fuente fiable» que filtre mi implicación publicitaria en el caso… Me reiría si no resultase trágico. Aunque lo que de verdad me preocupa es que en los foros de Internet se está especulando con mi identidad. Y me sentiría culpable si al final resulta perjudicado un inocente, sólo porque algún «listillo» cree que ha descubierto la verdadera identidad de Tiger88. Por cierto, sé que hay algunos Antonios Salas que han telefoneado a la editorial Temas de Hoy muy preocupados por temor a que algún skinhead la tome con ellos, creyéndolos el autor del libro. Evidentemente ese es un pseudónimo y ningún Salas ha escrito Diario de un skin.
Hoy he estado en una televisión local, en esta especie de gira nacional originada por la extraordinaria repercusión del libro, y me acordé de ti cuando la presentadora alababa mi supuesto valor. Esa es la frase que he escuchado más veces en estas semanas: «Hay que ver qué cojones le echaste». No te negaré que al principio me sentía halagado, aunque tú sabes que no es una cuestión de valor, sino de preparación, de estrategia y de prudencia. Valor es lo que has tenido tú para vivir como un verdadero skinhead nazi tantos años, y sobre todo para atreverte a evolucionar ahora dejando tus muletas ideológicas y distanciándote de la masa neonazi, para pensar por ti mismo. Tú sí que le has echado cojones. Y como tú otros muchos. Hoy mismo recibí un e-mail desde Oviedo, de un ultra ex skinhead NS. Se llama Jorge, tiene 21 años, y en su correo me decía algo muy interesante. Me da las gracias por «haberle abierto los ojos», pero afirma que «el que ha sido skin sufre una especie de mono, al igual que con la droga, y las diferentes situaciones que puedes vivir pueden hacerte recaer». Jorge me dice que no puede evitar todavía tararear alguna canción de Klan, o que se le escape un ¡Heil!, al cruzarse con sus amigos. Ojalá tú, él y los demás soportéis el «mono» y consigáis desengancharos del todo. Ninguna adicción, ni siquiera las ideológicas, es recomendable. Y ahora es cuando debéis demostrar vuestra fuerza y vuestra rebeldía.
A propósito, tal vez no pueda responder a todos los e-mails y cartas que estoy recibiendo con nuevas pistas, correcciones y jugosas informaciones sobre el movimiento neonazi. Pero debo agradecer a todos los ex nacionalsocialistas arrepentidos, infiltrados y periodistas de investigación la ingente cantidad de datos que me están facilitando con la amable oferta de contribuir a mi seguridad. Los recibo con agrado, pero si habéis leído el libro ya os habréis percatado de que existen suficientes datos y grabaciones en mi archivo como para hacer no uno, sino diez libros más sobre el movimiento neonazi.
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Valladolid, febrero de 2003 Apreciado «camarada»:
Cada día que pasa continúo sorprendiéndome más por la repercusión del libro. Es como un reguero de pólvora. Muchos periodistas están enterándose ahora de la existencia del Diario de un skin y en la editorial están recibiendo solicitudes de entrevistas a diario. Lo sorprendente es que la noticia ha traspasado las fronteras, y hoy mismo me han llamado de una revista belga, de un periódico alemán, de una emisora latinoamericana y hasta de la agencia Reuter… Por ellos me enteré de que en Chile el mismísimo ex embajador, e ideólogo neonazi, Miguel Serrano había sido entrevistado en un diario de su país por culpa de mi libro. Y tiene el valor de negar su influencia y vinculación con los skinhead, a los que os acusa de que «los infiltra la CIA, la KGB y el Mossad». Seguro que tú tienes tantos vídeos y/o fotos de Serrano rodeado de devotos skinhead como yo. Pero como os advertía en mi «diario», él, como los demás ideólogos, partidos políticos, peñas deportivas, asociaciones culturales, órdenes neopaganas, etc., os usan cuando les sois útiles, y después reniegan de vosotros. Ya ves que no ha hecho falta mucho tiempo para que me diese la razón. ¡Ah!, por cierto, no tiene menos pudor al negar que exista relación entre el movimiento neonazi y el integrismo islámico… Y eso que ha estado en España arropado por los mismos nazis editores de Hiperbórea que ahora editan revistas islámicas. Supongo que después del 11-S no les resulta cómodo que se los vincule con el integrismo musulmán.
Te confieso que la hipocresía de vuestros ideólogos ante el libro me irrita. Pero también me irrita que intenten instrumentalizarlo desde la extrema izquierda. Porque me han entrevistado en muchas radios y revistas ultraizquierdistas estos días. Y después de deshacerse en elogios sobre mi trabajo, intentan utilizarlo para demostrar lo malos que sois y lo buenos que son ellos. Como si la extrema izquierda tuviese algo que envidiar a la extrema derecha. Imagino que si supiesen que mientras realicé mi investigación, entre anarkistas, okupas, sharps, red-skin y demás radicales de la izquierda, llegué a grabar con mi cámara oculta a ex terroristas vascos contándome sus atentados, no intentarían manipularme a mí también. Al final, fascistas y antifascistas son extremos que se tocan, si radicalizan sus métodos tanto como sus ideas.
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Zaragoza, febrero de 2003 Apreciado «camarada»:
El odio crece a medida que pasan los días. Lo noto tanto que estoy empezando a somatizarlo, sobre todo al visitar ciudades como esta. Alguien quería entrevistarme para el Heraldo de Aragón, y volver a visitar las calles que antes dominaban los Thule, Grial o los Krippo, a los que por cierto les sale el juicio estos días, me resulta inquietante. Sé que no es prudente volver a estas ciudades ahora y que pronto tendré que dejar la península, pero en este caso es especial. Aquí vivían los fallecidos Vanesa, Iván y Jorge, y los «camaradas» de Blood & Honour han reaccionado confusamente con el libro. Por un lado están tan furiosos que me odian por el solo hecho de haber publicado sus fotos y haber mencionado su tragedia. Dicen que me burlo por osar hablar de ellos. Soy consciente de que a raíz del libro, al menos en España, el movimiento skin se ha sacudido hasta los cimientos. Sé que ahora hay encarnizadas discusiones internas, algunas «deserciones» y una generalizada paranoia sobre quién puede ser o no ser un infiltrado. Pero también sé que ahora todo el mundo puede conoceros mejor. Que vuestro movimiento despierte ahora más curiosidad o desprecio que antes de mi Diario no es algo que yo pueda controlar. Pero no permitiré que nadie instrumentalice lo que es una investigación periodística.
Y hablando de periodistas, quizás este es el colectivo que más ha sufrido las reacciones de mi libro. La verdad es que me siento terriblemente halagado con los comentarios que han hecho casi todos los colegas, hartos de sufrir la saturación del tono rosa en la profesión, o del uso de la cámara oculta para programas «cardiacos». Pero confieso que las felicitaciones que más me han enorgullecido no son las de los periodistas en activo, sino las de muchos estudiantes de Ciencias de la Información que se han puesto en contacto conmigo estos días. Me alegro de que mi trabajo les haya renovado la pasión por el oficio, pero desde luego no soy un ejemplo a seguir ni invitaría a nadie a utilizar mis métodos. Tampoco soy nadie para dar consejos, y menos aún a los periodistas, pero me gusta pensar que tal vez mi trabajo pueda ayudar a alguno de esos estudiantes a mantener muchos, muchos años la esperanza de que la verdad y un buen titular son compatibles. Tal vez haya que esforzarse un poco más, pero merece la pena.
Sin embargo tal vez ellos, los periodistas, y sobre todo los corresponsales deportivos, sean los que estén sufriendo en sus carnes el odio generado por mi trabajo. La nueva consigna en los grupos ultras, especialmente los neonazis, es la «caza del periolisto». Como si agrediendo a un cámara o a un fotógrafo pudiesen evitar el que ya todo el mundo sepa quiénes son y conozca el absurdo océano de odio en que viven sumergidos.
Con tu permiso, debo agradecer muy especialmente a Iñaki Gabilondo, y también a Carlos Herrera, Olga Bertomeu, Nieves Herrero, Mercedes Pascual, Pablo Motos, José Ramón de la Morena, Luis Herrero y a todos los demás el apoyo prestado. Y disculparme ante todos los periodistas que hayan podido sufrir, o vayan a padecerlo próximamente, el odio de los irracionales que ocultan tras una esvástica su miedo a la verdad. Pero nuestro trabajo consiste precisamente en averiguar esa verdad, y compartirla con el resto del mundo. Compartir nuestros descubrimientos, ¿puede existir algo mejor?
Con afecto sincero Antonio Salas, Tiger88

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